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  • Miguel A. Fernandez

El Guerrero Solar: Prólogo a "Orígenes, Ascenso y Decadencia"




En el contexto de la trilogía “El Guerrero Solar”, este libro “Orígenes, Ascenso y Decadencia” aparece como una obra que permite ahondar en las raíces históricas de la figura del “Guerrero Solar”, el cual se corresponde con una siempre misteriosa entidad que se expresa en modos diversos según las particularidades históricas y culturales de una época o lugar. El nombre “Guerrero Solar” se ha correspondido con el término con el que mejor he intentado identificar tal fuerza, que une en sí los atributos y virtudes del guerrero, pero que además de esto último, la lucha y combate de tal guerrero posee una causa, y esta causa es simbolizada en el mejor modo a través del Sol. Se ha empleado el símbolo del Sol, puesto que -como se explica con más profundidad en el segundo libro de la colección “El Eclipse”- el nacimiento de una estrella implica necesariamente una serie de fenómenos que se denominan como neguentrópicos, lo cual brevemente significa que las leyes de la termodinámica son utilizadas por una fuerza cósmica rectora que favorece procesos de síntesis y resonancia que abarcan espacios muy amplios. Esta fuerza o hálito vital no tiene lugar solamente en los procesos de vida y de creatividad, sino que también se expresa en los fenómenos de formación de civilizaciones y culturas, donde los atributos y virtudes heroicas del hombre constituyen medios que implementan tales génesis. Respecto del proceso forjador de culturas no se podrá hallar nunca en el dominio humano una explicación que sirva completamente para responder a la pregunta: ¿Por qué se forman las civilizaciones y culturas? y cualquiera que provea una explicación a tal pregunta proyectará necesariamente sus valores más íntimos en tal respuesta, como en el caso de -por poner un ejemplo- Karl Marx, quien, hijo paradigmático de su época, tuvo que considerar que eran las necesidades de producción y la economía las fuerzas determinantes de tales procesos. Sin embargo, el proceso de forjado de una cultura o civilización siempre será un misterio, aunque podemos asegurar que si existe algo que define todos los misterios de la vida es esencialmente su carácter neguentrópico, en el que el Sol y las estrellas constituyen ejemplos de lo más magnífico. Esto último implica necesariamente que el “Guerrero Solar”, es decir aquella fuerza sintética o “atractor” que “empuja” determinados hombres o grupos de hombres hacia la consecución de una misión de combate contra los determinismos y fuerzas anárquicas de una época y lugar dados siempre constituirá también un inevitable misterio. Y sin embargo, esto no quiere decir que porque tal misterio trascienda las categorías humanas racionales, que el individuo -hoy como siempre- no pueda escudriñar por sí mismo el significado profundo del misterio. Y como asistencia eterna en esta labor viene siempre el mito, la leyenda y la saga, los cuales de ningún modo consisten en cuentos fantásticos, infantiles y arbitrarios de culturas supuestamente “primitivas” o de cazadores-recolectores que no estaban evolucionados o “culturizados”, sino que en realidad el mito, la leyenda y la saga se corresponde con el lenguaje de los destinos; esto es, permiten al individuo cuya vida está en resonancia con un proceso forjador y emergente de civilizaciones o de culturas el comprender íntimamente su lugar específico en tal proceso en el caso de que este proceso neguentrópico tenga lugar de nuevo, pudiendo ver las amenazas que lo acechan en tal proceso, y pudiendo percibir los símbolos o signos que tiene que aprender a reconocer en tal misión. Esto implica que no se puede aproximar al contenido esencial y existencial del mito solamente a través de la instrucción académica ni una formación puramente intelectual, pues en última instancia, es la vida real y efectiva del individuo la que permite descifrar el mito. Así si queremos entender en profundidad cuál es el sentido de nuestras estructuras de pensamiento o de nuestros conceptos, el mito será la construcción simbólica que siempre nos servirá de correcta orientación en tal descifrado… Si queremos saber, por ejemplo, cual es el destino y finalidad de la ciencia reduccionista moderna o la tecno-ciencia en todo el proceso de desarrollo cósmico, será precisamente el mito, en resonancia con nuestra vida y experiencias, lo que nos proporcionará la clave, la llave del misterio. Por tanto volver a los orígenes no implica volver al pasado pero más bien volver al mito. De acuerdo a lo anteriormente expuesto, cualquier leyenda o mito Celta será mucho más esclarecedor sobre la ética y costumbres de los Celtas que cualquier construcción académica o racional basado en el empirismo proveído por restos arqueológicos. Esto no quiere decir por supuesto que tal empirismo deba descartarse, pero que lo primero es lo primero, y la cuestión de las finalidades siempre debe tener primacía a la hora de reordenar cualesquiera medios y pruebas empíricas. Y precisamente la cuestión de las finalidades siempre se halla en el mito, cuya “plasticidad” e intrínseca irracionalidad lo convierte en un conjunto de contenidos que no pueden tener el mismo significado para todos los individuos, por la sencilla razón de que la vida de los individuos nunca es exactamente la misma. Así, el mito y la leyenda se corresponden con el hilo dorado que permite integrar adecuadamente el contenido expresado en el conjunto de la obra “Orígenes, Ascenso y Decadencia”. Por otro lado, en el caso del ejercicio de la virtud heroica, se puede llegar a percibir en el pináculo del mito y la leyenda su cualidad imperial. Y aquí en primer lugar habrá que aclarar que el término imperial empleado en este contexto no tiene nada que ver con los “imperialismos” ni con las acepciones consideradas en general para expresar una construcción política totalitaria. En realidad nos referimos a la cualidad imperial como una idea, como una fuerza o entelequia -en el sentido aristotélico- capaz de hacer converger de forma centrípeta toda experiencia y creatividad humana hacia un centro supremo o eje rector. Por ello mismo, que en esta primera obra de la trilogía “El Guerrero Solar” se ha optado por recuperar el término Imperio Solar para referirnos simbólicamente a esta idea, y para distinguirla de cualquier otras versiones o concepciones respecto de la palabra imperio. El Imperio Solar se corresponde con una fuerza civilizadora que ha dejado muy pocas huellas -o nos atrevemos que a decir ninguna- en la historia oficial y en los documentos. De hecho, todas las civilizaciones tienden a dejar detrás de sí innumerables producciones en los campos más diversos (economía, arte, política, etc…) y sin embargo el hecho de la génesis fulgurante de los Imperios Solares no está descrito de forma descriptiva ni metódica en ninguna parte, salvo misteriosamente imbuida en la leyenda, el mito y la saga. Así aconteció por ejemplo con el emerger de los orígenes del Sacro Imperio Romano, el Imperio Antiguo de Egipto y el Reino de Israel. Y es que mucho antes de que comenzasen a predominar en Occidente las religiones abrahámicas (Cristianismo, Judaísmo e Islam) en la que el individuo tiende a someterse a una moral rígida que obedece los imperativos de un dios monoteísta para así creer en la posibilidad de una salvación después de la muerte, existió sin embargo una concepción diametralmente diferente de lo divino en la que el individuo no se somete a un dios, sino que participa del poder divino a lo largo de su búsqueda de la libertad, y esta libertad se hallaba vinculado a un poder imperial y Solar. Según esta idea, el hombre podía eventualmente encarnar el poder divino mismo y servir de puente entre el poder configurador del Imperio Solar y el dominio de los hombres, como en el caso de los Reyes y los Emperadores Solares. A esta idea de libertad y poder del hombre que ha alcanzado el poder divino y que es uno con él se ha siempre simbolizado con el águila, una ave regia que, al igual que la idea de Imperio Solar, vuela soberana y libre a lo largo de la historia, mientras se muestra también siempre elusiva y distante respecto del dominio puramente humano, sólo acercándose a éste cuando raramente emergen las virtudes heroicas y noble-guerreras. Por ello que, partiendo de estos principios, será la idea de Imperio Solar la que determine la dirección de todos los contenidos de este libro y todos los otros contenidos de la trilogía. Asimismo, la idea de Imperio Solar como forma de Estado también permitirá encuadrar adecuadamente el concepto metafísico de Ser, el cual es absolutamente vital para hacer que converjan adecuadamente todos los dominios parciales de la experiencia y del conocimiento humano. En realidad no se puede disociar el símbolo del Sol, y del águila respecto de la idea de Imperio Solar y del Ser. En última instancia el Ser es una fuerza latente en todas las formas de vida que crea una predisposición o dirección a las virtudes heroicas y de autosacrificio del ego, y que se alinea necesariamente con la libertad verdadera y la constitución macroscópica del Imperio Solar. En todo esto, los contenidos míticos, legendarios o incluso las técnicas, las ciencias, las religiones y las múltiples especializaciones son particularizaciones o medios de expresión de tal fuerza en condiciones específicas. Por tanto, el Imperio Solar constituye la única y verdadera finalidad del hombre sobre la tierra. Monarquías constitucionales, repúblicas, multinacionales, imperialismos y tecnocracias representan degradaciones posteriores de esta idea, en la que el hombre, sirviendo a tales formas degradadas de Estado, no crece hacia el autodominio, la soberanía y la libertad, sino hacia la degradación individualista y ególatra, en la que se rompe inevitablemente el susodicho hilo dorado mediante la irrupción de una fuerza que trasciende su propia vida individual y fragmentaria. Como coadyuvante a esta degradación de la luz de la idea del Imperio Solar emergen necesariamente toda forma de religiones monoteístas e ideologías, las cuales conceden al individuo una explicación que le permite aceptar sus condiciones de vida, ya no como individuo soberano y libre, sino como un individuo integrado en una masa o colectivo en la que todos los individuos siguen una misma finalidad; una finalidad que ya no es una finalidad real y homeostática, sino una construcción artificial y fantástica. Esta separación degradante del mundo real a expensas de un mundo artificial y arbitrario se llama dualismo, una nefasta predisposición que corrompió primeramente el Reino Antiguo de Israel y que luego se esparció por todo Occidente como un virus que se comenzó a aceptar como algo natural. Sin embargo la infección dualista que comenzó a corromper todo recuerdo o memoria acerca del Imperio Solar no había afectado demasiado a Europa mientras tal “virus”, en términos históricos, estaba sin embargo causando importantes estragos en Israel durante el primer milenio antes de Cristo. Y esto aconteció así pues Europa todavía permanecía pagana. Este término pagano es concebido en “Orígenes, Ascenso y Decadencia” de un modo que no expresa la común oposición entre paganismo a cristianismo, ni implica una especie de valorización supersticiosa y emotiva de los entornos naturales, ni se halla tampoco en este texto vinculado a las creencias de las organizaciones sectáreas neopaganas que practican -incluso hoy en día- ritos “druídicos”, etc. En este libro, se concibe el paganismo de forma muy simple como una oposición vital y predisposición de carácter que se opone a toda forma de rígido dualismo; esto no significa que el paganismo no asuma la existencia del dominio sobrenatural, metafísico o incluso el potencial del Imperio Solar, pero que prefiere adquirir una experiencia del dominio material y biológico en toda su extensión como condición de base para la posterior búsqueda de los verdaderos dominios trascendentales. Así, el paganismo, concebido en este modo, supone la condición ética de base para el posterior desarrollo del Guerrero Solar y la eventual culminación del Imperio Solar mediante el ejercicio constante de la virtud heroica. Y luego de casi dos milenios de degradación y corrupción de la idea del Imperio Solar debido al “virus” dualista, emergió súbitamente durante la Edad Media (desde el siglo XX al XV) una revolución en Europa en la que de nuevo el florecimiento en Occidente del Imperio Solar se tornó una posibilidad, gracias al paganismo intrínseco existente en Europa durante tales fechas. Ahora bien, lo escrito en la última línea podrá sonar chocante para muchos lectores, puesto que se nos ha enseñado en las clases de historia y los documentales de la televisión que Europa durante tal época estaba bajo el dominio de la Iglesia, y que por tanto de tal lógica se deriva que Europa era un continente cristiano… Y sin embargo, es precisamente el mito el que aquí socorre a nuestra intuición y sensibilidad, comunicándonos significados casi opuestos a los que se obtienen de tales deducciones lógicas, puesto que aunque el mito integra perfectamente la lógica, no puede sin embargo ser dominado por la lógica misma. Así acontece en el caso del mito del Grial, y de todas las leyendas y sagas que de un modo u otro, en sus versiones más puras, expresan en modos diversos y particulares los enfrentamientos y culminaciones de la virtud heroica que aspira a la “detonación” del Imperio Solar en condiciones históricas determinadas. Cuando ésta misión se corresponde con la voluntad última de la virtud heroica, podemos asegurar que son los Guerreros Solares, los individuos que encarnan muy raramente en las sociedades humanas tales misiones. En el caso de la Edad Media, el Guerrero Solar se particularizó bajo diversas formas en los Caballeros Templarios, los Caballeros de la Orden de Malta, y muchos otras encarnaciones guerreras vinculadas al dominio feudal que incluso llegaban en algunos casos a Oriente Medio, como la Orden guerrera de los Nizaríes. Las Cruzadas, por su parte, afirmaron exteriormente el dualismo cristiano de modo combativo y agresivo a lo largo de enormes extensiones territoriales de Europa, pero en el corazón mismo de la élite de la Órden Templaria los objetivos últimos a nivel de Estado entraron en fricción con la forma específica de Estado en aquellos tiempos representado por la Iglesia de Roma y el Papado. En el fondo -y como se muestra en profundidad en este primer libro de “El Guerrero Solar”- una determinada ética y noble actitud guerrera había logrado catalizar en algunos miembros de la élite Templaria la virtud heroica Solar, la cual en términos históricos había estado ausente por más de dos milenios. Esta virtud heroica Solar, debido a su propia potencia metafísica y trascendental, causó inevitablemente una poderosa amenaza a la monarquía francesa, la Iglesia y sus representantes, los cuales decidieron al final desmantelar el intento de restauración Solar por parte de la Órden Templaria mediante la encarcelación y posterior muerte en la hoguera de sus más dignos representantes. Este acto de sacrificio que tuvo su momento culminante con la muerte en la hoguera del Gran Maestre de la Órden Templaria, Jacques de Molay frente a la catedral de Notre-Dame en París en 1314, no sólo cambió la historia de Occidente para siempre, sino que debido a que se realizó a nivel del pináculo de Estado, logró modificar de forma decisiva las finalidades últimas a las que servirían los hombres a partir de aquel momento, favoreciendo a través tanto a través del emerger de los Estados-nación en Francia como del dominio progresivo de los mercaderes, el individualismo y la posterior desconexión del hombre con las fuerzas cósmicas, las cuales quedaron libres para permitir que la historia sin embargo continuase, avanzase y progresase. La idea de Imperio Solar se constituyó a partir de este momento en una idea maldita y herética, que fue perseguida de forma intensa encarnada en sus últimos representantes a través de la Inquisición. Así, la idea Solar quedó de nuevo eclipsada en todos los dominios humanos, y en Occidente los hombres se hallaron solos consigo mismos a la hora de forjar su propio progreso y destino. Fue precisamente en este estado de cosas que emergió el racionalismo y la ciencia moderna, las cuales de forma seductora insinuaban al hombre que todo principio metafísico, sagrado y Solar no era más que pura superstición. Así, incapaz de observar la luz sagrada, el hombre Occidental tampoco podía arrojar luz sobre la oscuridad. Y sin embargo esta oscuridad comenzó a manifestarse en toda su potencia a través del SuperDragón; una irracional configuración de energías profundas que siempre ha estado presente en el mito y la leyenda, y que se caracteriza esencialmente por incentivar los temores existenciales del hombre, obligándolo a soportar el miedo a la muerte y al combate Solar con todo tipo de compensaciones. Estas compensaciones progresivamente comenzaron a constituirse en las religiones secularizadas derivadas del Cristianismo y Protestantismo (Puritanismo, Calvinismo, etc), la ciencia moderna, las diversas ideologías (capitalismo, comunismo, felicidad material, comfort, trabajo, etc) las cuales poco a poco fueron integrándose entre sí hasta nuestros días, donde hoy ya se expresan de forma relativamente velada pero poderosa en la religión del hiperconsumo y del espectáculo. Y como no podía ser menos, cualesquiera de los atributos típicos del viejo Guerrero Solar de leyenda -o como escribiría Joseph Campbell de “el héroe de las mil caras”- se convertirían también en producto de consumo y entretenimiento. Este primer libro de la trilogía de “El Guerrero Solar” describe del modo más sintético y breve posible la emergencia de las fuerzas oscuras e irracionales en el psiquismo de Occidente, causando enormes estragos de carácter subversivo y criminal, como así fueron por ejemplo los acontecimientos sanguinarios de la Revolución Francesa. Pero he aquí que en la ausencia de principios sagrados que pudieran regir e iluminar los destinos humanos, a partir del siglo XVIII y XIX emergería una nueva forma de Estado que superaría progresivamente al Estado-nación y que serviría poco a poco para centralizar y coordinar la acción humana en la dirección depredadora y esquilmadora que caracteriza el poder subversivo del SuperDragón. Esta configuración de poder supranacional se constituirá poco a poco en el Tecno-Sistema, el cual a partir del siglo XIX comenzará a virtualizar toda la moral, política, arte y cultura humanas propiciando en su lugar el culto al rendimiento, el desarrollo y la eficiencia. En los libros “El Eclipse” y “El Porvenir” de esta trilogía “El Guerrero Solar” se ahondará más en el carácter de este nuevo Estado tecnocrático y sus leyes, poniendo de relieve el constante vínculo existente entre el SuperDragón y el Tecno-Sistema.

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